Los datos personales son poder: predicen, influyen, manipulan conductas.
Hoy las empresas extraen más de lo que el ciudadano entiende o consiente.
Filtraciones, ventas encubiertas y usos abusivos ya no son excepciones, son rutina.
La “aceptación de términos” es una ficción jurídica.
Qué debe regularse con mano firme:
Minimización de datos: recolectar solo lo estrictamente necesario.
Consentimiento real: claro, específico y revocable.
Prohibición de usos secundarios sin autorización explícita.
Derecho a saber, borrar y portar tus datos sin obstáculos.
Sanciones duras: multas que duelan, no costos operativos.
Responsabilidad penal en casos graves de abuso o negligencia.
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